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Semana Mundial de la Sensibilización sobre la Sal 2019

 

 

Según la OPS/OMS la campaña "Semana de Sensibilización de la Sal" -del 4 al 10 de marzo- tiene como objetivo promover la implementación de acciones basadas en la evidencia para reducir el consumo de sal en la población.

 

 

La Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS)² se une al esfuerzo de la comunidad mundial para compartir herramientas técnicas que faciliten el desarrollo e implementación de políticas integrales de reducción de sal y diseminar mensajes clave para promover prácticas saludables en el hogar, la escuela y el lugar de trabajo.

 

Según datos de la Organizacón Mundial de la Salud (OMS)¹, la mayoría de la gente consume demasiado sodio a través de la sal (una media de 9 g a 12 g de sal diarios) y no consume suficiente potasio (menos de 3,5 g). Un consumo elevado de sal e insuficiente de potasio contribuye a la hipertensión arterial que, a su vez, incrementa el riesgo de enfermedad coronaria y accidente cerebrovascular.

 

El consumo de sal/sodio en la Región de las Américas está muy por encima del nivel recomendado. Entre ocho países de la Región con datos a 2015, la ingesta diaria de sal por persona oscila entre 8,5 y 15 g.
 

La reducción de la ingesta de sal al nivel recomendado, esto es, menos de 5 gramos/sal diarios (< 2 g de sodio), permitiría prevenir 1,7 millones de muertes cada año.

 

 

Estas recomendaciones complementan las directrices de la OMS sobre el consumo de potasio y no deben interpretarse en el sentido de que las sustituyan o reemplacen. Las intervenciones de salud pública deberían tratar de reducir la ingesta de sodio y al mismo tiempo aumentar la ingesta de potasio a través de los alimentos. La ingesta de potasio puede mitigar los efectos negativos de un consumo elevado de sodio en la presión arterial. La ingesta de potasio se puede incrementar mediante el consumo de frutas y verduras frescas.

 

Las personas no suelen ser conscientes de la cantidad de sal que consumen. En muchos países, la mayor parte de la ingesta de sal se realiza a través de alimentos procesados (por ejemplo, platos preparados, carnes procesadas tales como tocino, jamón, salame; queso o tentempiés salados) o de alimentos que se consumen con frecuencia en grandes cantidades (por ejemplo, el pan). La sal también se añade a los alimentos cuando se cocinan (por ejemplo, caldos, concentrados de caldo de distinto tipo, salsa de soja y salsa de pescado) o en el lugar en que se los consume (por ejemplo, la sal de mesa).

 

Para reducir el consumo de sal se aconseja:

 

- limitar la cantidad de sal y de condimentos ricos en sodio (por ejemplo, salsa de soja, salsa de pescado y caldo) al cocinar y preparar alimentos;
- no poner sal o salsas ricas en sodio en la mesa;
- limitar el consumo de tentempiés salados; y
- escoger productos con menor contenido de sodio.

 

La Organización Mundial de la Salud considera que la reducción del consumo de sal/sodio es una de las intervenciones más costo eficaces para prevenir la hipertensión arterial y las enfermedades cerebrovasculares, y plantea que ¡Es hora de tomar ACCIÓN sobre la sal! mediante:

 

1. La reformulación de los productos alimenticios para que contengan menos sal/sodio fijando niveles objetivo de contenido de sal/sodio en los alimentos y las comidas.
2. La creación de un entorno propicio en instituciones públicas, tales como hospitales, escuelas, lugares de trabajo y residencias para que puedan proponerse opciones con menos contenido de sal/sodio.
3. Campañas en los medios de comunicación para crear conciencia sobre la reducción del consumo de sal.
4. La instauración de un etiquetado en la parte frontal de los envases que proporcione información fácil de leer y comprender a los consumidores.
5. Monitoreo (consumo de sal/sodio de la población; conocimiento, actitudes y practicas (CAP); contenido de sal/sodio en los alimentos - reformulación).

 

Cómo promover una alimentación sana


La alimentación evoluciona con el tiempo, y en ella influyen muchos factores socioeconómicos que interactúan de manera compleja y determinan modelos dietarios personales. Entre esos factores cabe mencionar los ingresos, los precios de los alimentos (que afectarán la disponibilidad y asequibilidad de alimentos saludables), las preferencias y creencias individuales, las tradiciones culturales, y los factores geográficos y ambientales (incluido el cambio climático). Por consiguiente, el fomento de un entorno alimentario saludable y, en particular, de sistemas alimentarios que promuevan una dieta diversificada, equilibrada y sana, requiere la