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Cómo un aditivo alimentario común nos quita las ganas de hacer ejercicio

Los fosfatos conservan los alimentos y potencian su sabor, pero también dificultan la síntesis de combustible para los músculos.

 

Hoy has nadado tus treinta largos, te has marcado cien abdominales y has estrenado tus pesas rusas de ocho kilos, todo después de dar la vuelta al barrio al trote, dos veces. Un día de ejercicio normal... en tus sueños. La realidad ha sido la misma de siempre: has llegado a casa agotado de estar todo el día sentado en el trabajo, has encendido la televisión y no has sido capaz de levantarte del sofá ni para sacar la basura. Eres sedentario, pero no te sientas mal por ello, échale la culpa a los fosfatos. Según un nuevo estudio científico, este aditivo común en los alimentos procesados podría ser responsable de que hayas perdido cualquier interés por el ejercicio físico.


La nueva investigación ha alcanzado esta conclusión tras comparar el consumo de oxígeno en ratones alimentados con una dieta rica en fosfatos con el de otros que no se excedían en su consumo. Los roedores que se atiborraban al aditivo "no pudieron generar suficientes ácidos grasos para alimentar sus músculos", concluye la investigadora principal del estudio, Wanpen Vongpatanasin. Según los resultados de sus experimentos, la expresión de muchos genes involucrados en el metabolismo muscular había cambiado después de 12 semanas de una dieta rica en fosfatos.

 

Pero las personas no son ratones, así que no tienen de qué preocuparse... ¿O sí? El equipo de Vongpatanasin también ha analizado los datos del