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La flora intestinal asociada a la dieta mediterránea

26 Jan 2019

 

La Complutense inicia un trabajo para identificar la flora intestinal asociada a la dieta mediterránea

 

Solo hay un órgano del cuerpo humano que muestra diferencias por países, razas y, quizá, sexo. Es la microbiota, el conjunto de microorganismos (sobre todo, bacterias) que habitan el sistema digestivo, lo que se suele denominar flora intestinal. Se trata de algo cambiante, que varía en función de la dieta y otros factores exteriores, como el consumo de medicamentos –es típico el impacto de los antibióticos que acaba en forma de diarrea–. Por eso la cátedra de Nutrición y Salud de la Universidad Complutense va a emprender el trabajo de identificar la composición de la microbiota típicamente española.


De una manera general, se calcula que en cada persona viven entre 500 y 1.000 tipos de microorganismos que pesan, de media, unos dos kilos, y que está compuesto por 39 billones de células. Esta composición, tanto en especies diferentes como en su cantidad, es tan particular que en Estados Unidos se ha llegado a usar en medicina forense, ha dicho Javier Morán, catedrático de Innovación Alimentaria por la Universidad Católica de Murcia y director científico del Instituto Español de Medicina Personalizada, la organización cuyo accionista de referencia es Capsa y que es la que financiará el trabajo. Por eso Luis Collado, director de la cátedra que va a dirigir dicho trabajo, espera que "haya diferencias respecto de la microbiota europea y que se refleje la dieta mediterránea".

 

En verdad, hasta la fecha, en el mundo se ha analizado a fondo solo la microbiota de la población estadounidense, de Holanda y de los hadza, una tribu nómada de Tanzania, afirma Collado, y ello ha proporcionado un dato revelador: la de los africanos es mucho más variada que la de los occidentales, debido a sus condiciones de vida con un mayor contacto con la naturaleza y mayor  consumo de productos frescos.

 

El carácter de ser vivo de la microbiota es patente desde el primer momento de la vida de las personas. Lo normal es que los niños adquieran sus primeras colonias de la madre ya en el momento del alumbramiento, al estar en contacto con el canal del parto de la mujer. Esa es una de las razones por la que los pediatras aconsejan el parto natural frente a la cesárea, en la que el niño no se ve expuesto a esas bacterias. Luego, el contacto con la piel de quienes les rodean, del pezón y la leche si maman va enriqueciendo la microbiota.

 

Pero esta no para de cambiar. El principal factor que la determina es la dieta, pero hay condicionamientos como los medicamentos, el alcohol y los hábitos de vida que la moldean. Al final, como ha explicado Marta Hernández, directora de Nutrición del Instituto, se trata de un equilibrio entre microorganismos beneficiosos y otros que pueden ser perniciosos si proliferan, y el objetivo es mantener ese balance. Los problemas, y no solo los digestivos, aparecen cuando este juego de compensaciones se altera, lo que los especialistas llaman disbiosis.

 

La microbiota es, probablemente, uno de los órganos que más interés suscitan actualmente. Primero, por lo novedoso (su consideración como un órgano humano la acuñó Inna Sekirov en 2010). Y, segundo, por su relación con la salud de las personas y que es fácilmente modificable, lo que ha despertado el interés de industrias farmacéuticas y nutricionales. Se relaciona no solo con la digestión, sino con procesos inflamatorios, inmunitarios, cánceres, e incluso depresión o autismo.

 

Trasplante de heces

 

Los avances van tan deprisa que ya se utilizan trasplantes de microbiota, una manera exquisita de hablar de pasar heces de una persona a otra, generalmente mediante una colonoscopia, con sus valiosos inquilinos. Sirve como tratamiento para varias enfermedades: la diarrea por Clostridium difficile, por ejemplo, para la que el hospital de Bellvitge, en Barcelona, ha creado incluso un banco de muestras de heces y se ensaya para casi todas las demás, desde cáncer al sida.

 

El proyecto de la Universidad Complutense de Madrid tendrá dos fases. En primer lugar, identificar todas las bacterias de la microbiota de los españoles. Aunque se habla de que cada persona tiene de 500 a 1.000 diferentes, hay más de 1.200 candidatas. Y, el segundo, obtener el microbioma (el genoma) de todas ellas. De esta manera, se podrán establecer sistemas de comparación entre una muestra y un microchip, por ejemplo. Collado, que va a dirigir el trabajo, ha advertido de que tiene el compromiso de que, pese al indispensable patrocinio, los datos que se recaben serán ofrecidos a la comunidad científica como corresponde a un trabajo llevado a cabo en una institución pública. 

 

El instituto y la cátedra cuentan con financiación de Capsa, la compañía que posee, entre otras, Central Lechera Asturiana. Collado espera terminar la primera parte del trabajo en año y medio, y calcula que el total costará 200.000 euros. "Una cantidad que la universidad no podría seguramente afrontar si no fuera por la colaboración privada", ha dicho.

 

 

UNA VUELTA DE TUERCA A LA NUTRIGENÓMICA


La nutrigenómica es, desde hace más de 10 años, una continua promesa: saber, a partir de un análisis del genoma de la persona –cada vez más barato; ya asequible por 100 euros– qué alimentos van a beneficiar más al interesado en función de su estado de salud. Pero los estudios de la microbiota han puesto este abordaje más cerca.

 

La idea es administrar productos (las bacterias propiamente dichas u otras sustancias que favorezcan que estas crezcan) a las personas cuya microbiota sea deficitaria en alguna de las cepas consideradas de valor sanitario.

 

En verdad, los pacientes ya toman medidas al respecto: comer yogures o queso (sin pasteurizar) para la diarrea causada por antibióticos es un ejemplo. Porque esos productos, como las frutas y verduras, la cerveza y el vino tienen bacterias. Pero este abordaje no es metodológico. Y la industria quiere ofrecer eso.

 

El Instituto Español de Nutrición Personalizada –con otra empresa láctea detrás, Capsa– ha optado por otro camino. En sus preparados también incluye un tipo concreto de lactobacilo, pero lo vende aparte, como un complemento nutricional, junto a otros preparados. Lo han aprobado ante la UE, pero no como medicamento. "Es un complemento", defiende José Ramón Iglesias, director de I+D de la empresa, quien insiste en que todo lo que recomiendan se basa en la evidencia científica, aunque admite que falta un ensayo que determine su efecto exa