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Lo que Popeye ignoraba del hierro y tú sí deberías saber

15 Jan 2019

 

Popeye abrió su primera lata de espinacas en 1929 y, en un momento, el campo de la nutrición cambió para siempre. La semana que viene se cumplen 90 años del debut del personaje en una tira cómica del periódico The New York Evening Journal, y aún sigue viva la adoración al hierro que inspiró. El mineral es un buque insignia de cualquier dieta sana, un lugar que se ha ganado por derecho propio: "Enriquece todos los tejidos del organismo con el combustible que necesitan, el oxígeno", resume la internista Gemma Ortiz. Pero, como decía Paracelso, el veneno está en la dosis, y la que llevan los alimentos fortificados con hierro, entre los que se cuentan la leche, los zumos, los cereales y sus derivados, es tirando a alta.

 

Por si fuera poco, leer las etiquetas puede ser insuficiente para saber cuánto hierro te metes entre pecho y espalda. Un estudio publicado en la revista Journal of the American College of Nutrition desveló que los valores del mineral presentes en los cereales para desayunar que analizaron los científicos eran considerablemente más altos que los que reflejaba el etiquetado. Además, los investigadores concluyeron que el tamaño de las raciones indicadas en el envase poco tenían que ver con las que las personas tomaban en la realidad, casi un 200% más voluminosas.

 

En España, una investigación llevada a cabo para asesorar al antiguo Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación determinó que, en 2016, los españoles de entre 20 y 39 años consumieron el 136% de la cantidad recomendada del mineral, un dato que cayó hasta el 76% entre las españolas. Y eso que las cifras no tuvieron en cuenta a los alimentos fortificados.

 

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