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El Hambre Cero es posible si lo convertimos en máxima prioridad política

11 Nov 2018

Debemos pasar a acciones concretas: aumentar la financiación y crear marcos legislativos e institucionales para garantizar el derecho a una alimentación saludable y adecuada.

 

  

Hace tres años, con la aprobación de la Agenda 2030 y del Objetivo de Desarrollo Sostenible número dos, la comunidad internacional se comprometió a erradicar el hambre y todas las formas de malnutrición en el mundo (el llamado concepto Hambre Cero). Paradójicamente, desde entonces el hambre y otras formas de malnutrición no han hecho más que aumentar. Según los últimos datos de la FAO y de otras agencias del sistema de Naciones Unidas, 821 millones de personas —el 11% de población global o una de cada nueve personas— pasan hambre, y más de 150 millones de niños sufren retraso en el crecimiento. El hambre es, sin duda, la peor manifestación de la malnutrición a la que puede enfrentarse un ser humano, pero desafortunadamente ya no puede ser nuestra única preocupación porque simultáneamente asistimos a una imparable pandemia de obesidad y sobrepeso fuera de control en todo el mundo.

 

La proporción de la obesidad en adultos ha aumentado del 11,7% de la población en 2012 al 13,3% en 2016 (estamos hablando de 672.3 millones de personas). La lucha contra el sobrepeso y la obesidad es quizás más compleja que la lucha contra la subalimentación. El hambre se da principalmente en áreas concretas, como aquellas azotadas por conflictos, sequías y pobreza extrema. Sin embargo, la obesidad está en todas partes, incluso allí donde hay hambre. El motivo principal es que las personas consumen cada vez más alimentos industriales altamente procesados con pocos nutrientes y alto contenido en grasas saturadas, azúcar, sal y aditivos químicos. Por ejemplo, la obesidad está aumentando más rápido en África que en ninguna ot