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Tenemos derecho a una alimentación saludable

23 Oct 2018

Las autoridades deben garantizar algo más que productos seguros: alimentos nutritivos y sanos

 

Un concepto que no tiene nombre es como si no existiera, aunque en realidad tenga implicaciones en el plano físico. La soberbia, el valor, los celos o la calma existían antes de que alguien les pusiera nombre y han influido sobremanera en la historia de la humanidad.

 

Con el derecho de la nutrición sucede algo similar. Antes de que el abogado Francisco José Ojuelos lo bautizara, dicho derecho parecía no existir, pero influía en nuestras vidas tanto como la ley de la gravedad. Al ponerle nombre, Ojuelos obliga de forma implícita al legislador y a los responsables políticos a tenerlo presente y a perseguir la consecución del fin último de este derecho: proteger la salud de la población.

 

¿Qué tiene de novedoso el derecho de la nutrición? Que se distingue de un derecho muy desarrollado (y muy necesario), que es el derecho alimentario. Así, mientras que el derecho alimentario nos garantiza el acceso a una alimentación segura (nos defiende, por ejemplo, de fraudes alimentarios o de malas prácticas de higiene), el derecho de la nutrición busca salvaguardar a la población de los efectos negativos sobre su salud a medio o largo plazo del consumo generalizado de alimentos seguros (sin patógenos) pero malsanos. Es decir, persigue garantizar que la población tenga un paraguas que le proteja del diluvio de fuerzas que conspiran para que sigamos un patrón de alimentación insaludable.

 

Se entenderán mejor el anterior párrafo con el siguiente ejemplo. En 2014 se compararon dos investigaciones (Rekhy, 2014 y Federal Trade Commision, 2008), la inversión en la campaña “5 al día” por parte de Estados Unidos y la inversión de la industria alimentaria de este país en el marketing del fast food dirigido a niños y adolescentes. Para quien no lo sepa, “5 al día” es el nombre que recibe la campaña, instaurada en varios países (incluyendo España), que promueve el consumo de un mínimo de cinco raciones de frutas y hortalizas cada día. Pues bien, mientras que la inversión en “5 al día” ascendió a un ra