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La malnutrición también es un problema con raíces culturales

21 Jun 2018

Los expertos de la FAO y Unicef estimaron que el número de personas afectadas por la malnutrición superó las 2.000 millones en 2017 (24% del total de la población mundial); y que 159 millones de niños menores de 5 años presentaron retrasos físicos y cognitivos significativos. Además, hay 51 millones de niños menores de esa edad que tienen un peso inferior al normal para esa etapa.

Gran parte de la población de Africa subsahariana y de Asia del Sur padece este flagelo. A esto hay que sumar 1,6 millones de adultos, sobre todo del mundo avanzado –Estados Unidos en primer lugar- que experimentan problemas de salud por obesidad o hiperobesidad.

 

La malnutrición tiene tres componentes fundamentales: subalimentación (hambre), carencia de micronutrientes esenciales para una vida saludable, y obesidad.

Por eso la malnutrición no es sólo un problema alimentario, sino también de salud pública (la obesidad es una verdadera epidemia en Estados Unidos, y también en México y China), y de educación alimentaria.

Este último aspecto es probablemente el decisivo, porque la relación con la alimentación es ante todo un problema cultural, y en un mundo que se ha volcado al consumo de proteínas cárnicas, se necesita un nuevo pacto entre individuos y la forma en que se alimentan.

 

En el sistema capitalista globalizado, la cultura es inseparable del incremento de la productividad porque las dos se fundan en el conocimiento. En términos mundiales, aumentar la producción agrícola equivale a elevar la productividad de los pequeños agricultores, que son los que dispones de dos hectáreas o menos de tierras para el cultivo.