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¿Y qué es el hambre?

17 Jun 2018

La subalimentación es una realidad desconocida para muchos que sufren aún 815 millones de personas. Así afecta al cuerpo de una persona y se distribuye por el mundo

El hambre. No comer lo suficiente. Malestar, debilidad, enfermedades, muerte.


El hambre es una condena, una amenaza que acompaña a la humanidad desde su aparición en el planeta. Con el paso de los siglos, se ha pisado la Luna, se han conquistado los cielos, se han explorado las profundidades del océano, se han erradicado enfermedades y se ha conseguido producir enormes cantidades de alimentos. Pero el hambre sigue ahí, como una terrible y vergonzante realidad que afecta a 815 millones de personas.

 

Condena a millones de personas, generación tras generación, a vivir vidas peores, a depender de otros, a enfermar, a morir. A permanecer esclavos de esa cadena de hambre y pobreza que se perpetúa. Y es vergonzoso, porque el hambre ya no es un problema técnico, si es que alguna vez lo fue. No falta comida, ni capacidad para producirla y conseguirla. Falta voluntad para que todos puedan comer.

 

En el año 2000, aprovechando lo redondo de la fecha, los países reunidos en las Naciones Unidas decidieron marcarse unos objetivos para tener un mundo mejor en un plazo de 15 años. Los llamados Objetivos del Milenio proponían, entre otras cosas, reducir a la mitad –por entonces todavía no se hablaba de eliminarla– el porcentaje de hambrientos que había diez años antes, en 1990.

 

Aunque se consiguió un gran avance (del 23,3% se pasó al 12,9%) y en 2015 aún había en el mundo 780 millones de personas que no comían lo suficiente para una vida plena. Para una vida digna.

 

En los albores del siglo XXI, mientras se redactaban esos Objetivos –considerados por muchos temerariamente ambiciosos–, 12 de cada 100 brasileños pasaban hambre. Pero en el país, rico en recursos naturales y con un enorme poten